De pronto usted, se volvió tú; creo que fue hoy cuando sospeche que tal vez no soy tu hijo, pero más que una duda me parece mi resignación. O tal vez estoy tirando para el monte y soy tan tú hijo, que crees que puedes tratarme y hacer lo que quieras conmigo. Puede que esto que recién escribí sean mis ultimas conjeturas sobre el porqué actúas para conmigo tan despectivamente y a la vez tan lleno de expectativas. La verdad ya no quiero saber, prefiero ya no relacionarme, tal vez el orden natural es que no interactuemos (como lo hace la gran mayoría). Mientras mas lejano me siento de ti, más ganas de cuidar mi relación con mi hijo, eso te lo tengo que agradecer. Tú desdén y el trato que me das me es inaceptable; yo me quedo con la conciencia que lo intenté, aunque siempre hubiese una “resolución” que nada más no se cumplió de tu parte; promesas falsas, palabras vacías, me resultan en un corazón sin esperanza y no quiero eso. ¿Qué me dirías si fuese el último día que me ves? ¿Cómo me tratarías? ¿Llorarías? Sí tus acciones son tan conscientes y sin pedos (como siempre lo presumes) ¿cómo porque o para que llorar? En mí he rescatado nuestra “relación” desde imaginarme ¿Qué haría si es la última vez que interactúo contigo? Más me es claro que interactuar no siempre se traduce en cercanía. Me rindo y te libero de mi expectativa, ya no es necesario conozcas mi sentir, ya no es necesario conozcas algo de mis canciones, ya no tienes que hacer absolutamente nada por mi como padre, ya lo diste todo.
11:27 am
10-febrero-2026
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